Mi programa de gobierno

Cuando publiqué mi libro La hora de los sensatos, un periodista me preguntó si me estaba postulando como presidente del Gobierno. Mi contestación fue rotunda: ¡NO!

 

Han pasado unos años. Nadie me lo ha vuelto a preguntar, pero si alguien lo hiciera, mi contestación sería la misma, esta vez con dos signos de admiración a la derecha y dos a la izquierda. No, por cuatro razones: a) porque no sé; b) porque cómo voy a empezar con un nuevo empleo a mis 81 años; c) porque menudo aburrimiento tener que madrugar, ir a la Moncloa todos los días y empezar a despachar con los ministros, que, a excepción de alguno, no son la alegría de la huerta; d) porque a mí me gusta vivir en San Quirico, donde conozco a todos, voy a misa de 8 de la tarde los sábados y luego al supermercado, a comprar whisky, que se me ha vuelto a acabar.

Antes de empezar, quiero que quede claro que no hay 'copyright'. ¿Que alguno le insulta? Que le insulten, porque hay que estar a las duras y a las maduras

LEOPOLDO ABADÍA17.07.2015 – 05:00 H.

Pero veo y oigo y aguanto a todos: a Mariano, sacando a cuatro chavales a la calle para demostrar que el PP es un partido de jóvenes; a Pedro, que no sabe bien por dónde anda y que quiere federalizar España; a Pablo, al que le veo un poco mustio después de su actuación en Atenas y de verse en un espejo con el pobre Alexis, que olvidó el principio fundamental que dice que en Europa hay que obedecer a Ángela. Principio que a Alexis le ha costado enterarse unos meses, mientras él y Varufakis hacían el ridículo, viajes arriba, viajes abajo, tirando el dinero en billetes de avión, a pesar de la buena voluntad de Ryanair ofreciendo vuelos tirados de precio Berlín-Atenas. (He dicho Berlín y no he dicho Bruselas o Frankfurt. He dicho Berlín.)

Teniendo presente todo lo anterior, he decidido escribir este artículo y titularlo 'Mi programa de gobierno'

Veo y oigo y aguanto –y me río, no puedo evitarlo– cuando leo cosas referentes al inventor de mil maneras de hacer el ridículo, Artur, acompañado en su duro trabajo por Oriol, Josep Antoni, Dani, las monjas, y tantos otros que luchan por quitarle el puesto de la ridiculez, trabajo duro y difícil porque los niveles de estulticia son muy altos. Hoy leo que Artur y Oriol van de cuarto y quinto en una lista –no sé exactamente cuál, y ellos tampoco– mientras un señor, Carles Vives Pi-Sunyer, el único inteligente, ha rechazado ir el primero de la lista "por razones personales". Puesto que ha aceptado inmediatamente otro señor, Raül Romeva, al que no conozco porque debe ir a una peluquería distinta a la mía.

Veo y oigo y aguanto a más gente, que algo tienen que hacer para cobrar unas perrillas a fin de mes que hagan que su marido/mujer estén satisfechos y puedan llevar una vida normal, tirando a un poco alta.

Teniendo presente todo lo anterior, y manteniendo el NO, NO, NO, NUNCA JAMÁS a participar en la vida pública, he decidido escribir este artículo y titularlo "Mi programa de gobierno".

Antes de empezar, quiero que quede claro que no hay copyright. Que el que quiera copiar algo, que lo copie. ¿Que quiere decir que la idea fue suya? Que lo diga. ¿Que todos le felicitan por lo acertado de su programa? Que le feliciten. ¿Que alguno le insulta? Que le insulten, porque hay que estar a las duras y a las maduras. Que yo le cedo las felicitaciones a condición de que se quede con los insultos.

Empiezo, advirtiendo de que, como no tengo espacio, voy a poner un esquema. Lo tengo completo, pero no cabe aquí. Otra cosa: no he puesto los distintos puntos en orden de importancia, sino como me han salido. Si tuviera que ir a Las Ventas, de telonero de Hombres G, a presentar mi programa, lo pondría en orden.

Sigo pensando que hay 17 nacioncitas y dos ciudades autónomas en este trozo de Europa que se llama España

Hay un primer punto, eso sí. Tengo que decir que soy católico, que procuro vivir en católico y que procuraré que, al gobernar, se note que soy católico. (Sé que en este momento acabo de perder unos cuantos votos, pero quiero que queden las cosas claras desde el principio. Ya no lo diré más).

Lucharé por ser prudente y para que mis ministros (los menos posibles) sean prudentes. En este sentido, quiero copiar lo que ha dicho un aspirante a la presidencia de Estados Unidos: "El primer día no tomaré una decisión (sobre un tema importante que se está discutiendo ahora allí). Lo que haré el primer día será estudiar ese asunto".

Para aclarar lo que quiero decir, pongo ejemplos de temas que tendré que estudiar y que no improvisaré brillantemente el primer día:

- La reforma de la Constitución.

- La reforma de la ley electoral.

- La reforma del sistema de pensiones.

- Las desigualdades tremendas que veo en las remuneraciones económicas.

 

De los temas que acabo de citar, la reforma de la Constitución es primordial, porque sigo pensando que hay 17 nacioncitas y dos ciudades autónomas en este trozo de Europa que se llama España y que varias –quizá muchas, quizá todas– son un modelo de gasto despilfarrador que hace que España sufra.

Haré un presupuesto base cero en la Administración central y en las autonomías y en las ciudades autónomas para cuantificar lo que sobra y para que los españoles sepan que esta organización que en su día fue buena para pasar de una situación a otra (la bendita transición, que se hizo de maravilla, aunque ahora los posmodernos tenemos que decir que fue un bodrio), que esta organización, digo, ha evolucionado hasta convertirse en una máquina de gastar y gastar y gastar dinero.

Si un país serio (austero) se dedica a trabajar para crecer y los bancos engrasan, en el mejor de los sentidos, aquel país serio crecerá y se creará empleo

Mi gobierno será business friendly, o sea, apoyará todo lo que pueda a las empresas porque estoy convencido –y mis ministros también, ya que si no lo están los despediré– de que las empresas son las que crean empleo, que para mí, en este momento es EL PROBLEMA.

Repetiré hasta la saciedad que hay dos cosas que a mí me parecen más falsas que Judas:

1. Que hay una oposición entre ser político y ser técnico, olvidándonos de que el político que se olvida de que sus ideas cuestan dinero, no es un político. Es un chisgarabís, o sea, según el DRAE, un chiquilicuatre.

2. Que hay una oposición entre la austeridad y el crecimiento. Dejaré claro que lo del austericidio fue una tontadica que se le ocurrió a alguien y nada más. Y que es muy bueno –necesario– que España sea un país austero, o sea, un país que gaste con la cabeza. Y que, simultáneamente, haya crecimiento, tarea en la que los bancos deben jugar un papel esencial. Porque si un país serio (austero) se dedica a trabajar para crecer y los bancos engrasan, en el mejor de los sentidos, el sistema, aquel país serio crecerá y se creará empleo.

Respecto a la independencia/soberanía/derecho a decidir/quiero irme de Cataluña, esperaré a que se aclaren. No doy ahora ninguna fecha porque, tal como han liado estos chicos las cosas, no se sabe qué pasará el 27-S ni si habrá una lista única, si la encabezará ex-Sor Teresa Forcades, si a Artur le habrán mandado a navegar por el mar Egeo, etc. En cuanto ellos tengan las ideas claras, cosa que en estos momentos parece difícil pero en peores garitas hemos hecho guardia, dejaré la Moncloa, me instalaré en San Quirico y bajaré a Barcelona todos los días, a hablar, a negociar, sine die y con una condición: discreción absoluta. Ni un solo periodista. Ni la tele ni la radio. Aquí incluyo a todos los amigos que tengo en los medios, porque, chicos, lo primero es lo primero. Y ahora, lo primero es que ni el que mande en Cataluña quiera hacer gestos que demuestren que él manda ni el que mande en España, o sea yo, haga el chulito ante mi militancia. Que de chulos torpes ya estoy hasta el gorro. Porque además de torpes y chulos son más inútiles que una tetera con el pitorro al revés.

Si un miembro de la familia europea quiere irse o, por sus continuas trampas, mentiras y chanchullos hay que echarle, que se vaya o que le echen

Con lo que quede, negociaré ad infinitum, dejando muy claro que, mientras yo mande, aquí no se va nadie de casa. Haré todas las cuentas que haya que hacer, considerando siempre que, en una familia, el hermano rico ayuda al menos rico. Y si el menos rico es un caradura, me meteré con el caradura, porque se trata de que todos, repito todos, echemos una mano para que la familia funcione bien. Si hace falta, repetiré a todas horas la palabra sólidaridad, acentuándola en la só, porque, como ya he dicho otras veces, así acentuada es más solidaridad que bien pronunciada.

Y para mí, España es una familia. Quizá lo tenía que haber dicho al principio, pero me ha salido ahora.

Hablando de familias, actuaré como un miembro de la familia europea, sabiendo que mi ilusión es que un día se firme la Constitución de los Estados Unidos de Europa. Como consecuencia, seguiré obedeciendo a Europa, como hicieron mis antecesores y harán mis sucesores. (Fijaos que, en una hábil maniobra, he dicho "Europa" y no he dicho "Ángela Merkel", porque, desgraciadamente, Ángela no es eterna. Tampoco lo es Europa, pero, para mí, como si lo fuera.)

Si un miembro de la familia europea quiere irse o, por sus continuas trampas, mentiras y chanchullos hay que echarle, que se vaya o que le echen. Y que no me digan que para Cataluña sigo un criterio distinto, porque es verdad. Porque Cataluña es un trozo de mi Patria y ese miembro hipotético de la familia europea del que estoy hablando es un socio administrativo de una empresa que a todos nos hace mucha ilusión, pero que Patria, lo que se dice Patria, no es.

Habrá un viceportavoz del gobierno, porque el portavoz seré yo. Lo que pasa es que no puedo estar todo el día hablando con periodistas, que es lo que me gusta, porque, además, tengo que hacer otras cosas. Por eso, delegaré algunas intervenciones. Pero nadie me quitará que cada 15 días hable por televisión para contar lo importante y alguna cosa no importante, pero que pueda interesar a la gente, aunque sea un poco de cotilleo. Cuando esté con periodistas, admitiré todo tipo de preguntas, sabiendo que, en esto de las preguntas, hay un peligro, con el que me encuentro en los coloquios después de las conferencias: que el que hace la pregunta no tiene ningún interés en que se la contestes. Lo que quiere es lucirse, presentando una teoría que se le ha ocurrido y que ahora que tiene público, la suelta. En esas ocasiones, cuando al cabo de mucho rato esa persona se calla, yo suelo decir: "sí". Pues eso es lo que haré. Y si algún periodista me ayuda, diciendo, por ejemplo, "cállate, pelmazo", se lo agradeceré.

Nunca diré que hago o quiero hacer pedagogía, por lo que he dicho antes sobre la chulería, torpeza e inutilidad

Hablaré siempre, o con mucha frecuencia, de mis tres preocupaciones, porque me parece necesario que los 46,5 millones de personas de mi familia se las sepan de memoria:

1. El déficit, o sea, lo que mi familia (España) gasta más de lo que ingresa al año. En 2011, con el inefable José Luis viviendo en la Moncloa, gastábamos 91.000 millones de euros más de lo que ingresábamos, siguiendo la vieja teoría de que primero lo político, luego lo político y, al final, lo despreciable técnico. O si lo queréis decir con más desprecio, tecnócrata.

Nos hemos comprometido a que ese déficit sea de 42.000 millones en 2015 y de 30.000 en 2016. Diré cómo andamos, anticipando ahora que vamos bien. Y como vamos bien, los que mandan empiezan a hablar de bajar impuestos, cosa que, si me salen las cuentas, también haré yo.

2. La deuda. Somos una familia que con un sueldo de 1 billón (nuestro producto interior bruto) debe 1 billón. De ahí deduzco que cualquier maravilla que queramos hacer endeudándonos, mejor que se nos olvide. Porque los intereses, que ahora, de memoria, creo que son unos 35-40.000 euros al año, van al capítulo gastos, que se tiene que compensar con los ingresos y a mí, cuando me suben los impuestos, me molesta.

3. Las personas sin empleo. Yo tengo la manía de mirar solo la EPA, Encuesta de Población Activa, que me parece que es el indicador europeo y que sale trimestralmente, unos 20 días después de finalizar el trimestre. O sea, la correspondiente al 2° trimestre de 2015 está a punto de aparecer. El primer trimestre acabó con 5.444.600 personas sin empleo, el 23,78 % de la población activa, que eran 22.899.400 personas. Si, cuando salga la de ahora, esa cantidad ha bajado sustancialmente (entre 100.000 y 300.000 personas), se me notará en la cara, porque empezaré la rueda de prensa sonriendo.

Nunca diré que hago o quiero hacer pedagogía, por lo que he dicho antes sobre la chulería, torpeza e inutilidad.

Hace años, en el IESE, nombraron a Pepe, un profesor íntimo amigo mío, como director de Personal Científico, puesto muy difícil porque dirigir a 50 personas que se creen expertas en el arte de dirigir es complicadísimo.

Pepe ya está jubilado. Hablamos con bastante frecuencia. Muchas veces recordamos, partiéndonos de risa, el día que, recién nombrado, reunió a los profesores y nos dijo que pensaba hacer las cosas "mal, pero rápido". Esto no dejaba de ser una boutade de las suyas, pero con mucho fondo. Venía a decir: "No perderé el tiempo discutiendo con vosotros, que sois muy listos. Hablaré todo lo que tenga que hablar, pero, si tengo que hacer algo, lo haré. Y si me equivoco, lo arreglaré. Y olvidad las discusiones bizantinas, que en Bizancio quedaban muy bien, pero en Barcelona solo sirven para perder el tiempo".

Salvando las distancias, e intentando hacer las cosas bien, procuraré seguir el consejo de Pepe.

Hay más cosas en mi programa de gobierno, pero creo que por hoy, ya os he cansado suficientemente.

Y, además, hace mucho calor.